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Esta traducción se ofrece como un servicio a nuestros lectores; la versión oficial de este informe, en Inglés, se puede encontrar aquí.

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Introducción 

Lawrence S. Mayer, Paul R. McHugh

Pocas cuestiones son tan complejas y controvertidas como la orientación sexual del ser humano y la identidad de género, materias que están relacionados con algunos de nuestros pensamientos y sentimientos más íntimos y que contribuyen a definirnos como individuos y como seres sociales. Los debates sobre las cuestiones éticas que plantean la orientación sexual y la identidad de género pueden ser muy acalorados y personales, y los temas políticos asociados desencadenan en ocasiones intensas polémicas. Las partes a veces en conflicto, los periodistas y los legisladores que participan en dichos debates invocan con frecuencia la autoridad de la ciencia; en las noticias, los medios de comunicación y la cultura popular escuchamos alegaciones sobre lo que “dice la ciencia” en cuanto a estos temas.

El siguiente informe ofrece un resumen detallado y una explicación actualizada de los hallazgos más rigurosos en los campos de la biología, psicología y sociología referentes a la orientación sexual y a la identidad de género. Examinamos un amplio corpus de literatura científica procedente de diversas disciplinas. Intentamos identificar las limitaciones de los estudios y evitar llegar a conclusiones prematuras que pudieran resultar en una sobreinterpretación de los hallazgos científicos. Dado que en la literatura relacionada abundan las definiciones incoherentes y ambiguas, no nos limitamos únicamente a las pruebas empíricas sino que también ahondamos en problemas conceptuales subyacentes. No obstante, este informe no entra en cuestiones relacionadas con la moral o las políticas públicas; nuestra atención se centra en las pruebas científicas –en valorar lo que demuestran y lo que no demuestran.

En la Primera Parte, realizamos un examen crítico de si conceptos como la heterosexualidad, la homosexualidad o la bisexualidad constituyen propiedades distintivas, fijas y biológicamente determinadas de los seres humanos. Como parte de este debate prestamos atención a la popular hipótesis del “nacido así” (born that way), según la cual la orientación sexual humana es biológicamente innata, y estudiamos las pruebas de diversas subespecialidades de la biología que son invocadas para sostener esa afirmación. Examinamos los orígenes evolutivos de la atracción sexual, en qué grado dicha atracción puede alterarse con el tiempo, así como las complejidades inherentes a la incorporación de dicha atracción en la propia identidad sexual. A partir de las pruebas obtenidas en estudios de gemelos y otros tipos de investigaciones, exploramos factores genéticos, ambientales y hormonales. Asimismo, estudiamos algunas de las pruebas científicas que vinculan a las neurociencias con la orientación sexual.

En la Segunda Parte examinaremos los estudios sobre problemas de salud y su relación con la orientación sexual y la identidad de género. Se ha observado un riesgo consistentemente mayor de sufrir trastornos, tanto físicos como mentales, entre las poblaciones de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales en comparación con la población general. Entre los problemas se incluyen la depresión, la ansiedad, la toxicomanía y, el más alarmante de todos, el suicidio. Así, por ejemplo, se estima que la tasa de intentos de suicidio entre la población transgénero de Estados Unidos llega hasta un 41%, una cifra diez veces superior a la de la población general. Como médicos, académicos y científicos, creemos que todo debate ulterior en este informe debe desarrollarse sin perder de vista estos problemas de salud pública.

Asimismo, examinaremos algunas ideas planteadas como explicación para estas diferencias en estados de salud, incluyendo el “modelo de estrés social.” Esta hipótesis (que defiende que algunos factores de estrés, como la estigmatización y los prejuicios, son responsables de gran parte del sufrimiento adicional observado entre dichas poblaciones) no parece brindar una explicación completa sobre las disparidades en dichos estados de salud.

La Primera Parte estudia principalmente la suposición de que la orientación sexual viene determinada por una base biológica causal, y una sección de la Tercera Parte examina cuestiones similares en lo que respecta a la identidad de género. El sexo biológico (las categorías binarias de varón y mujer) es un aspecto bien definido de la naturaleza humana, a pesar de que algunos individuos con trastornos de desarrollo sexual puedan mostrar rasgos sexuales ambiguos. En contraposición, la identidad de género es un concepto social y psicológico que no está bien definido, y existen escasas pruebas científicas que corroboren que se trata de una propiedad biológica innata y fija.

La Tercera Parte también examina los procedimientos de reasignación sexual y las pruebas de su efectividad para aliviar los problemas de salud mental que sufren muchas de las personas que se identifican como transgénero. En comparación con la población general, los individuos transgénero postoperatorios continúan presentando un elevado riesgo de peor salud mental.

Un campo que despierta particular preocupación es el de las intervenciones médicas en jóvenes con disconformidad de género. Cada vez más, este grupo recibe terapias para reafirmar el género al que se sienten pertenecer, incluyendo tratamientos hormonales o modificaciones quirúrgicas a temprana edad. Sin embargo, la mayoría de niños que se identifican con un género que no se corresponde con su sexo biológico dejan de hacerlo al alcanzar la edad adulta. En este sentido, nos inquieta y alarma la gravedad e irreversibilidad de algunas de las intervenciones que se debaten públicamente y se emplean en menores.

La orientación sexual y la identidad de género se resisten a una explicación con teorías simples. Existe un enorme abismo entre las certezas con las que se sostienen las creencias sobre dichas cuestiones y lo que revela una evaluación científica serena. En vista de esta complejidad e incertidumbre, necesitamos humildad sobre lo que sabemos y lo que desconocemos. Reconocemos abiertamente que este informe no constituye ni un análisis exhaustivo de los temas que aborda ni es la última palabra al respecto. La ciencia no es en modo alguno la única vía para comprender estos temas asombrosamente complejos y multifacéticos; hay otras fuentes de sabiduría y conocimiento -como las artes, la religión, la filosofía y la experiencia humana. Y, por otra parte, la mayoría de nuestros conocimientos científicos en este campo siguen sin estar consensuados. No obstante, queremos ofrecer esta visión general de la literatura científica con la esperanza de que sirva de marco compartido para un discurso inteligente e ilustrado en los intercambios científicos, políticos y profesionales y de que pueda mejorar nuestra capacidad como ciudadanos responsables para aliviar el sufrimiento y promover la salud y el desarrollo personal humano.