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Esta traducción se ofrece como un servicio a nuestros lectores; la versión oficial de este informe, en Inglés, se puede encontrar aquí.

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Prefacio 

Este informe va dirigido al público en general, pero apunta especialmente a los profesionales relacionados con la salud mental con el objetivo de llamar su atención (y aportar cierta perspectiva científica) sobre los problemas en ese campo que padecen las poblaciones LGBT.

Su origen es una petición del Dr. Paul R. McHugh, exdirector de psiquiatría del Hospital Johns Hopkins y uno de los psiquiatras más prestigiosos a nivel mundial. El Dr. McHugh me solicitó que revisara una monografía que él y sus colegas habían elaborado sobre temas relacionados con la orientación y la identidad sexual; mi misión inicial era garantizar la exactitud de las inferencias estadísticas y revisar fuentes adicionales. En los meses posteriores leí en profundidad más de quinientos artículos científicos sobre la materia y consulté detenidamente varios cientos más, para descubrir alarmado que la comunidad LGBT padece una tasa desproporcionada de problemas relacionados con la salud mental, en comparación con la población general.

A medida que crecía mi interés seguí avanzando en el análisis de estudios procedentes de los más diversos campos científicos, como la epidemiología, la genética, la endocrinología, la psiquiatría, la neurociencia, la embriología y la pediatría. Asimismo, revisé muchos de los estudios académicos empíricos llevados a cabo en el ámbito de las ciencias sociales, como la psicología, la sociología, las ciencias políticas, la economía y los estudios de género.

Acepté la responsabilidad, como autor principal, de reescribir, reorganizar y ampliar el documento, y debo señalar que apoyo cada una de las frases del presente informe sin ningún tipo de reserva o prejuicio por cuestiones políticas o filosóficas. Este informe trata de ciencia y medicina, ni más ni menos.

Aquellos lectores que se pregunten acerca del objetivo que perseguimos al elaborar un informe a partir de investigaciones de campos tan variados, quizás deseen saber un poco más de su autor principal. Soy académico a tiempo completo y participo en todos los aspectos de la docencia, la investigación y los servicios profesionales. Soy bioestadístico y epidemiólogo dedicado al diseño, análisis e interpretación de datos experimentales y de observación en salud pública y medicina, especialmente cuando se trata de datos de cierta complejidad debido a posibles cuestiones científicas subyacentes. Soy médico investigador, con formación en medicina y psiquiatría en el Reino Unido y poseo la titulación británica (Bachelor of Medicine) equivalente a Doctor of Medicine en Estados Unidos. Nunca he ejercido la medicina (incluyendo la psiquiatría) ni en los Estados Unidos ni en el extranjero. He testificado en decenas de procesos legales estatales y federales y en vistas normativas, en la mayoría de los casos como analista de la literatura científica para aclarar las cuestiones sometidas a examen. Soy un férreo defensor de la igualdad y rechazo la discriminación hacia la comunidad LGBT y he testificado en su nombre como experto estadístico.

He sido profesor titular con dedicación plena durante más de cuatro décadas. He ostentado cargos docentes en ocho universidades, incluyendo Princeton, la Universidad de Pensilvania, Stanford, la Universidad Estatal de Arizona, la Escuela Bloomberg de Salud Pública y la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, Ohio State, Virginia Tech y la Universidad de Michigan. Asimismo, también he ocupado cargos de investigación clínica en otras instituciones, como la Clínica Mayo.

He ocupado puestos con dedicación total o parcial en veintitrés disciplinas, incluyendo estadística, bioestadística, epidemiología, salud pública, metodología social, psiquiatría, matemáticas, sociología, ciencias políticas, economía e informática biomédica. No obstante, mis intereses en investigación han sido mucho menos variados que mis cargos académicos: mi carrera se ha centrado en averiguar cómo se emplean la estadística y los modelos en otras disciplinas, con el objetivo de mejorar el uso de los modelos y del análisis de datos a la hora de evaluar cuestiones de interés político, normativo o legal.

Mis artículos se han publicado en muchas revistas científicas de primer nivel evaluadas por colegas (entre otras, The Annals of Statistics, Biometrics y American Journal of Political Science) y he revisado cientos de artículos presentados para su publicación en muchas de las principales revistas médicas, estadísticas y epidemiológicas (incluyendo The New England Journal of Medicine, Journal of the American Statistical Association y American Journal of Public Health).

Actualmente, soy investigador visitante en el Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y profesor de Estadística y Bioestadística de la Universidad del Estado de Arizona. Hasta el 1 de julio de 2016, también he ocupado cargos docentes a dedicación parcial en la Escuela Bloomberg de Salud Pública y en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins así como en la Mayo Clinic.

Una empresa tan ambiciosa como el presente informe no hubiera sido posible sin el consejo y asesoramiento de muchos expertos y editores de gran talento. Quisiera mostrar mi agradecimiento por su generosa asistencia a la doctora en Medicina y Ciencias Laura E. Harrington, psiquiatra con amplia formación en medicina interna y neuroinmunología, cuya actividad clínica se centra en mujeres en transición vital, incluyendo tratamiento y terapias afirmativas para la comunidad LGBT. La Dra. E. Harrington ha contribuido a la totalidad de este informe y ha aportado su experiencia especialmente en los apartados referentes a endocrinología e investigación cerebral. También estoy en deuda con Bentley J. Hanish, joven genetista licenciado en Ciencias que espera graduarse en Medicina en 2021 como doctor en Epidemiología Psiquiátrica. Hanish ha contribuido a todo el informe, especialmente los apartados sobre genética.

Quisiera mostrar mi gratitud a la Escuela Bloomberg de Salud Pública y la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, a la Universidad del Estado de Arizona y a la Clínica Mayo.

Durante la elaboración de este informe he consultado a numerosas personas que me han pedido que no incluyera su nombre en mis agradecimientos. Algunos temían la respuesta enfurecida de los elementos más militantes de la comunidad LGBT; otros temían la respuesta colérica de los miembros más vociferantes de las comunidades religiosas conservadoras. Y, sin embargo, lo más enojoso es que algunos temían las represalias de sus propias universidades por participar en cuestiones controvertidas, independientemente del contenido del informe (un triste testimonio sobre la libertad académica).

Dedico mi trabajo en este informe, en primer lugar, a la comunidad LGBT, que padece una tasa desproporcionada de problemas relacionados con la salud mental en comparación con la población general. Debemos hallar formas de aliviar ese sufrimiento.

Se lo dedico también a los investigadores que llevan a cabo estudios imparciales sobre cuestiones de controversia pública. Que nunca pierdan el norte en la vorágine de los huracanes políticos.

Y, sobre todo, se lo dedico a los niños que se debaten con su sexualidad y su género. Los niños son un caso especial cuando abordamos las cuestiones de género. A lo largo de su desarrollo, muchos sopesan la idea de pertenecer al sexo opuesto y tal vez algunos muestren mejorías en su bienestar psicológico si se les alienta y apoya en su identificación transgénero, especialmente si esa identificación es fuerte y persiste en el tiempo. Pero prácticamente todos los niños acaban identificándose en último término con su sexo biológico. En cualquier caso, queda claro que la idea de que un niño de dos años que haya manifestado pensamientos o conductas que se identifican con el sexo opuesto pueda ser catalogado de por vida como transgénero no cuenta con ningún respaldo científico. De hecho, es perverso creer que a todos los niños con pensamientos o conductas atípicas de género en algún momento de su desarrollo, especialmente antes de la pubertad, hay que animarles a convertirse en transgénero.

Como ciudadanos, estudiosos o facultativos preocupados por los problemas de la población LGBT, no debemos comprometernos de forma dogmática con ninguna visión en particular sobre la naturaleza de la sexualidad o la identidad de género, sino que tenemos que guiarnos, ante todo, por las necesidades de unos pacientes en dificultades y buscar, con una mirada abierta, formas de ayudarles a llevar una vida plena y digna.

Lawrence S. Mayer, M.B., M.S., Ph.D.